Manu Chao ha sido, desde que tengo memoria, un activo de la banda sonora de mi vida. Olvidado durante largo tiempo, lo redescubrí para enamorarme de su música, estilo y sombra. Y con esto no me declaro fan acérrimo, puesto que sus trabajos posteriores me parecen monótonos (a la espera del inminiente álbum de este 2017), y los lanzados con Mano Negra no acaban de engancharme. Pero hubo un momento en el que tocó la tecla, encontró un estilo que sin duda, marcaría a muchas personas, entre las que me incluyo.

Tras la disolución el 1995 de Mano Negra, la banda con la que el parisino y sus compañeros llegarían a girar por toda latinoamérica en un tren reacondicionado, Manu Chao emprende su carrera en solitario con ‘Clandestino’ el 1998 y ‘Próxima Estación: Esperanza’ el 2001. Del primero, que poca introducción necesita, hablaremos en otro momento; hoy nos centramos en el segundo.

Ambos álbumes comparten una misma estructura con el reggae como base, y la fusión con sonidos latinos e incluso de otros lares del globo (tal vez fruto de los numerosos viajes), y cuantiosos cortes de películas y demás elementos sonoros creando un sonido multicapa, del que te enganchas al tratar de descubrir cada una de ellas. Sin embargo, este segundo trabajo está mucho más entrelazado que su predecesor, sintiéndose como ‘una sola canción’ con diferentes fases, siempre hiladas bajo el mantra constante extraído del Metro de Madrid ‘Próxima estación: Esperanza’, y aderezadas con músicas del mundo, ironía, críticas, amor y buen humor.

  1. Merry Blues
  2. Bixo
  3. El Dorado 1997
  4. Promiscuity
  5. La primavera
  6. Me gustas tú
  7. Denia
  8. Mi vida
  9. Trapped by Love
  10. Le Rendez-vous
  11. Mr. Bobby
  12. Papito
  13. La chinita
  14. La marea
  15. Homens
  16. La vacaloca
  17. Infinita tristeza