Es una mañana fría en Londres y las cafeteras trabajan con esfuerzo para elevar la temperatura y el ánimo de todos los habitantes de la ciudad. Aunque el frío persiste, la llegada del siglo XXI ha traído consigo los primeros signos de modernidad. Mientras en el mundo asoman los primeros ordenadores y teléfonos personales, papá Durham y mamá Weiss ven corretear a sus tres hijos, Daisy, Lewis y la pequeña Kitty. Los tres hermanos viven rodeados de instrumentos de todo tipo, guitarras, baterías, teclados y armónicas con los que pasan largos ratos de juego y diversión.

Los años van pasando y los pequeños Durham, ya adolescentes, tocan sus instrumentos con más dominio y juegan a intercambiarse los papeles. De fondo suena el Going up the Country de Canned Heat y se animan a interpretarlo junto a sus padres. Los ordenadores de mesa y los teléfonos móbiles voluminosos son cosa del pasado. Apple y Samsung se dividen el monopolio de la telefonía, Google se convierte en el asesor más fiel y los libros han perdido todas sus hojas en el brillo de una pantalla. La música se reproduce en Youtube y Spotify y puede descargarse en formato digital en apenas unos segundos. La modernidad ha llegado. Sin embargo, la familia Durham sigue viviendo la vida a su estilo, tocan canciones de rockabilly, escuchan vinilos y visten ropa que los hipsters llaman “estilo vintage”. Se han convertido en una banda referente y tienen a sus espaldas tres discos y múltiples conciertos para enmarcar.

En su primer álbum nos presentaron versiones de clásicos del rockabilly y del blues. En el segundo temas propios con una ligera influencia ska y un tercer disco con una identidad más personal. Muchos pensaran que su imagen es puro postureo, una estrategia comercial para salir de lo mainstream o la brillante idea de una productora avispada, sin embargo, pocos podrían sonar como lo hacen Kitty, Daisy & Lewis si no fuera algo que sienten de verdad.

Creo que “autenticidad” es la palabra que mejor los definen. Se han criado rodeados de instrumentos, junto a unos padres músicos que amaban la música de raíces, el rockabilly, el blues y el swing. Graban sus álbumes a la vieja usanza y saben dar a las canciones el carácter nostálgico y sucio que requiere su sonido particular.

Smoking in Heaven (Sunday Best, 2011) es el segundo álbum de la banda. En este trabajo la familia Durham sigue desarrollando el sonido rockabilly y blues en composiciones propias que dejan también espacio para ritmos ska.

Tras una portada en la que los tres hermanos aparecen bebiendo de los mejores licores y fumando cigarrillos, nos encontramos con trece temas que nos ratifican lo descrito anteriormente, los pequeños Durham se han hecho mayores. La madurez del disco queda reflejada en la calidad de las canciones y en la gran mejora que cada uno de ellos ha experimentado en lo que respecta al manejo de los instrumentos, los cuales recordemos se intercambian en cada canción.

Tienen la imagen rebelde propia de los inicios del rock and roll de mediados de los cincuenta, visten trajes y vestidos de época y sus peinados nos transportan al pasado. Ellos se muestran tal y como son, conscientes de la gran acogida que han tenido por parte del público y de cómo mostrarse es también una oportunidad para llegar a más oyentes. Sin embargo, no nos engañemos, sus tres discos son de una gran calidad y se han ganado por méritos propios todo el buen reconocimiento que han tenido hasta ahora.

Si decides darle una oportunidad a Smoking in Heaven, aunque todas sus canciones tendrán algo interesante que decirte, no dejes de escuchar Don’t Make a Fool Out of Me, Messing With my Life, I’m So Sorry o I’m Coming Home.

  1. Tomorrow
  2. Will I Ever
  3. Baby Don’t You Know
  4. Don’t Make A Fool Out Of Me
  5. I’m Going Back
  6. Paan Man Boogie
  7. Messing With My Life
  8. What Quid?
  9. You’ll Soon Be Here
  10. I’m So Sorry
  11. You’ll Be Sorry
  12. I’m Coming Home
  13. Smoking In Heaven